Almas en obras

ALMAS EN OBRAS

Eran las 5 de la mañana y no había ninguna apisonadora en la calle, arreglando la acera… No se oía un alma, o mejor dicho, un alma sí. Se oía un murmullo que no cesa, un latido constante y necesario, tanto como el propio del órgano que late en el pecho. Ese murmullo también se acelera, o se enlentece, a veces tanto que pareciera que se para, que no mueve, que está hibernando…ahorrando energía tal vez para más adelante.

Pero el murmullo del alma siempre en obras no cesa nunca, ni siquiera cuando el otro latido ya no existe. Entonces, cuando el corazón no late, y el cerebro no piensa, ese murmullo cambia de lugar…se asienta en otros, que lo acogen, los que recuerdan al vivo, los que estuvieron con él, los hijos, los padres, los amantes, los amigos del muerto querido.

Y mientras vivo, mi alma en obras también me acompaña, o la acompaño yo, para ser más honestos, porque tira de mí como el hambre, o la sed, o el deseo, con una fuerza imposible de ignorar. Ahora vienen otros retos, otros asuntos, otros defectos viejos, pero ocultos, y luego otros, y otros más.

Y mientras vives, con tu alma en obras también, nos conocemos, a medio hacer.

No hay ninguna apisonadora en la calle arreglando la acera, pero sí oigo muchos murmullos de otras almas en obras, que nos acompañan siempre.

Lourdes Navarro Sánchez